Conflictos: Un adolescente en casa

Desde Psicologia y Bienestar, clinica psicologica infantil y especialistas en psicologia para adolescentes, somos conscientes de que la convivencia a veces es difícil, por lo que se necesita hacer gala de una enorme paciencia, generosidad y fluidez a la hora de  ponerse en la piel del otro; y si además en los momentos más delicados nos dejamos aconsejar por nuestro grado de madurez emocional  para solventar las contrariedades de la vida, entonces es muy probable que aún con los altibajos normales de aquello que se prolonga en el tiempo seamos capaces de salir airosos y volver a retomar la normalidad esperando a ver cuando se presenta la próxima.

Todo ello discurre por un sendero del que podemos intuir algunas de las piedras que nos hacen tropezar, y sobre todo, a toro pasado pensar: ¡Cómo no he reparado en esto!; y buscar una posible solución.

Pero cuando con el que convivimos es un adolescente, la cosa se complica. De nada nos sirven los consejos generalistas: “Está en una etapa rebelde, se le pasará”, “No se lo consientas, castígale sin móvil”, “Es posible que tenga problemas, pregunta en el colegio”, “A ver con que amigos sale, contrólalo” …

Todos estos comentarios no por usuales resultan siempre eficaces, pues quien más y quien menos los ha tenido en cuenta y los ha puesto en marcha no obteniendo resultado positivo alguno. Y llega el momento de la resignación: “Me ha tocado a mi”, “sale a su padre”, “es que los amigos” …  Para a continuación, tomar cartas en el asunto.

Después de haberlo comentado con la pareja (circunstancia que generalmente es un monólogo, pues en muchas ocasiones, por desgracia, este tipo de tareas pertenecen a un rol que suele recaer en la madre) se toma la primera medida que consiste en acudir al colegio y hablar con su tutor.  Este no suele aportar pista alguna de lo que le ocurre al niño, salvo aquellos topicazos muy recurrentes en este tipo de situaciones: “Está distraído, no atiende, es como si estuviera en su mundo, interrumpe y molesta al que tiene al lado, va a suspender, solo le interesa el móvil y charlar con los amigos” …

Si nos fijamos, todas estas reflexiones no son más que una serie de fotogramas que forman una película que no aporta solución alguna.

“¿Y que puedo hacer? En casa se encierra en su habitación y no quiere saber nada. Cuando le  dijo que va a suspender, que tiene que estudiar, se enfada conmigo y cierra con llave su cuarto…” Suele argumentar la desesperada madre, en busca de un hilo del que poder tirar para solucionar el problema.

El tutor, como no es el único niño al que representa, tiene un conocimiento muy limitado, por no decir prácticamente nulo, del caso en cuestión.   Entonces tira de experiencia y le receta otra serie de pautas que debe llevar a cabo la madre en casa, pero la situación no suele mejorar.

Agotada la vía del colegio (por inoperante en la mayoría de las ocasiones) se acude a las amigas para que aporten ideas, experiencias propias, y en definitiva, soluciones…  Y siempre aparece el famoso: “Yo conozco a una que tenía el mismo problema, y lo que hizo fue … ¡Y ahora le va de maravilla!”. Y deciden adoptar esa solución y a veces funciona.

Si reflexionamos un poco sobre este problema, a mi juicio el error estribaría en la falta de información que tienen los padres acerca de lo que implica en la vida de un niño ir pasando las diferentes etapas de su desarrollo y entrar en la adolescencia.

Si hubiera un poco de coherencia por parte de las altas instancias, y además se buscase la asesoría de los profesionales que nos dedicamos a estos menesteres; si se preocupasen los organismos pertinentes de proporcionar a las familias aquella información básica, en forma de decálogo o similar, y esto fuera tomado como una asignatura más impartida a los padres, se les dotaría de un instrumento fundamental en el conocimiento del estadio de desarrollo en el que se encuentra su hijo.

Si realmente quisieran optimizar la educación, no sólo ideologizándola en función de quien gobierna, y contaran de verdad con los padres que van a ser los reguladores del desarrollo infantil, seguro que disminuiría esa lacra que nos estigmatiza como país, que es el fracaso escolar.

Creo que esa formación, que como dije antes debería ser obligatoria para los padres, podría tener un formato de unas charlas por grupos no muy numerosos, homogéneos en las edades de sus hijos, y de un contenido sencillo, práctico y  que permitiesen comprobar sus efectos lo antes posible.

En el caso de los adolescentes, no habría que dar explicaciones universales, basadas en teorías principales de este o aquel psicólogo famoso, sino que se trataría de abordar, fundamentalmente, las formas de actuación en función de la conducta observada, teniendo en cuenta las peculiaridades  del niño en cuestión y su momento evolutivo.

Es decir, habría que transmitir cuatro conceptos básicos sobre lo que supone la adolescencia:

* Etapa de revolución hormonal.

                * Reafirmación de uno mismo y en contra de la figura del adulto (en especial de los

                  padres).

                * Rebeldía mezclada con la necesidad de ser entendido y respetado.

                * Conocimiento de las manifestaciones físicas que indican la intensidad de todo lo

                  anterior.

 

A continuación, desarrollando y matizando aquellos comportamientos más disruptivos y específicos que pudieran darse, abordaríamos las siguientes líneas de actuación:

* Permitir su autoafirmación y que se desarrolle en el adolescente su propio ámbito de privacidad.

                * Reforzar la comprensión para que su formación no implique colisión con sus propios intereses.

                * En casa existen una serie de normas establecidas por los padres que serían susceptibles de ser modificadas de manera razonable.

                * Apoyar y reforzar sus éxitos, buscando el acercamiento y procurando no juzgar ni desprestigiar sus andanzas (siempre es mejor tenerlo cerca, aunque se discrepe y genere tensiones, que apartarlo hasta que reaccione).

Esto, no siendo todo lo necesario para abordar esta etapa, representaría una base con la que poder ir trabajando todas aquellas asperezas y roces que se van a producir; y podría servir para asumir que se está entrando en un periodo convulsivo y que tenemos que tender puentes que lo suavicen, siempre sin perder el contacto con el adolescente, que en el futuro, seguro nos lo agradecerá.

Si tienes un adolescente en casa y encuentras la convivencia un poco conflictiva, no dudes en contactarnos contamos con profesionales en psicología para adolescentes te otorgamos de herramientas para que puedas solucionarlo de manera eficaz.

Iñigo Estaún

Psicólogo

 

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