Niños superdotados: Luces y sombras.

No existe consenso, por lo que es difícil definir a un niño superdotado. Cada niño con altas capacidades intelectuales es distinto y se manifiesta de modos distintos también. Se considera superdotado cuando supera la puntuación de 130 en un test de inteligencia (1 de cada 100 niños) y se piensa actualmente que los genes son responsables de un 70% de esa inteligencia, siendo el ambiente responsable del resto (estímulos, oportunidades recibidas, etc.).

Decimos que un niño es superdotado si tiene una gran motivación por el aprendizaje y una gran capacidad creativa; pero hay que partir de la base de que la inteligencia es un  concepto complejo y se mide a través de diferentes parámetros:

Si consideramos el área cognitiva (en concreto las áreas de lenguaje y matemáticas) son niños que destacan de sus iguales por sus conocimientos, y en especial, por su capacidad deductiva y por un alto grado de razonamiento verbal; siendo capaces de comunicarse de forma precoz.

Para ilustrar esto citaré unas cuantas “curiosidades”: En torno a los dos años tienen sentido del tiempo (mañana, tarde y noche) y usan presente, pasado y futuro. Muestran un vocabulario avanzado, pudiendo mantener una conversación y formar frases complejas, pronunciando perfectamente y sin “lengua de trapo”. Pueden leer sin ayuda entre los 3 y 4 años; y a los 5 consiguen leer la hora y escribir (utilizando letras mayúsculas, eso sí, por tener  éstas los trazos más simples).

En cuanto al área emocional, derrochan empatía y facilidad para presentir las necesidades de los demás, aunque por el contrario, no consiguen manejar del todo bien sus propias emociones.

En el área creativa, los superdotados suelen ser creativos y destacar en las artes (aunque no tiene por qué ser en todas),  dependiendo, eso sí, de un entorno estimulante para sobresalir en este área.

Así mismo, los superdotados suelen tener “don de gentes”, así como grandes dotes para el liderazgo.

Por último, los que destacan en el área motriz, son personas con una gran aptitud para los deportes. Ya desde prácticamente su nacimiento su desarrollo motor es superior a la media, sosteniendo la cabeza y mirando a su alrededor, sonriendo intencionadamente a las 6 semanas de vida, sosteniéndose de pie sobre los 6 meses y andando en torno a los 9; dibujando con detalle y montando puzzles en torno a los dos años y medio.

Un niño superdotado no pasa desapercibido. Se le suele ver jugar con niños mayores que él y le gusta estar con adultos. Es muy autónomo, controla los esfínteres a los dos años, elije su ropa a los 2 años y medio y se viste y desviste a los cuatro años. Tiene una curiosidad muy desarrollada y un gran afán por aprender y saber de todo. A los dos años comienza con los “por qués”. Es muy activo, reclamando mucha atención y estímulos, fijándose en los pequeños detalles y sintiéndose afectado por el humor de sus padres. Es muy perfeccionista y tiene un gran sentido de la justicia.

 

¿Qué podemos hacer los padres y educadores por un niño superdotado?

Una vez confirmado el diagnóstico mediante los test correspondientes a los 6 años de edad, en el colegio deberá hacerse una adaptación curricular a los conocimientos que presente el niño. Para ello, se le podrá adelantar un curso, organizar grupos con niños de sus mismas capacidades para que puedan tratar temas de su interés, inscribirle en actividades extraescolares que llamen su atención (música, pintura…), poner a los padres en contacto con alguna de las asociaciones de superdotados para que pueda asistir a las clases que organizan, etc.

Sin embargo, aunque le proporcionemos la mayor parte de los estímulos que él demande, un niño superdotado puede vivir en una permanente frustración debido a la falta de sincronización entre sus capacidades (intelectual y física) y el resto de características de su personalidad (sociales, emocionales…) así como por la gran distancia evolutiva frente a sus iguales. Teniendo los mismos miedos e inseguridades que un niño de su edad, en algunas aspectos es una especie de adulto en miniatura, necesitando en igual medida besos y abrazos que charlar sobre física cuántica, por poner un ejemplo.

Aunque tienen una gran sensibilidad por las necesidades de los demás, suelen  mostrar  un comportamiento “mandón” que les viene de su necesidad de  organizar, de imponer reglas que orienten a los otros niños y de su necesidad de controlarlo todo.

En la mayoría de las ocasiones son niños que necesitan apoyo psicológico que apele a su acusado sentido de la justicia y a la sensibilidad hacia los demás que les caracteriza; para mostrarles cómo pueden herir los sentimientos de los otros niños y cómo éstos pueden sentirse avasallados con su acusado comportamiento organizador; y, especialmente que les haga  conscientes de que se pueden cultivar diferentes cualidades como la humildad; cualidades de las que frecuentemente ellos adolecen y que les van a facilitar la interacción con sus iguales, tanto en su etapa infantil como durante el resto de su vida.

También los padres precisan verdaderamente un asesoramiento exhaustivo por parte de un profesional (especialmente en los primeros años) que les muestre determinados aspectos de las características  de su hijo, que les enseñe a aceptarlo como es y, quizás lo más importante, que les de las pautas necesarias para llevar a cabo esa regulación del comportamiento del niño y de aquellas otras que les den la ayuda necesaria para asistirle en el plano emocional. No podemos olvidar que viven a veces sumidos en una profunda soledad y que la extraordinaria sensibilidad que caracteriza a estos niños les hace más vulnerables ante estímulos externos, precisando de ayuda para asimilarlos.

De todo esto dependerá, en gran medida, que en el futuro sea un adulto feliz porque haya tenido una infancia feliz, o lo contrario.

 

Begoña Viñuelas. Psicóloga.

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