Cómo nos relacionamos con los demás: El lenguaje corporal

En general, cuando hablamos de desarrollo, crecimiento o superación personal debemos tener claro algo sin lo cual jamás conseguiremos ningún objetivo por insignificante que este  sea:

Nuestra felicidad y bienestar emocional dependen en gran medida de nosotros mismos, no solo de lo que nos rodea.

Una vez convencidos de esta premisa (la cual no siempre es sencilla de aprender) podremos poco a poco ir encajando las piezas para conseguir nuestras metas.

Para profundizar en el tema que nos ocupa en esta ocasión: “La manera de relacionarnos”, debemos tener en cuenta, a su vez, otro principio fundamental:

Los demás nos tratarán del mismo modo que nosotros les tratamos a ellos.

Todo lo que emitimos al exterior, regresa a nosotros en claves parecidas, tanto lo positivo como lo negativo. Pero muchas veces nos entristece ver que no conseguimos el objetivo trazado a pesar de haber puesto en práctica este principio; y es que no basta con intentarlo una vez, sino que hay que perseverar en el intento, hay que cumplirlo de manera persistente, hay que tener

Parémonos a pensar qué es lo que la gente puede percibir de nosotros cuando nos relacionamos con ella. Pero no basta con pensar en lo que emitimos de manera verbal, sino que debemos tratar de examinar también otros gestos (expresiones en nuestro rostro, posturas de nuestro cuerpo…) que constituyen otro aspecto de la comunicación humana y que conforman el lenguaje no verbal o lenguaje corporal; el cual puede tirar por tierra y vaciar de contenido el mensaje que estamos lanzando si nuestras palabras no coinciden con todo este conjunto de expresiones. Lo que ocurrirá en este caso es que no ofreceremos credibilidad a los demás. Por lo tanto, lo que decimos sin hablar puede confundir a nuestro interlocutor, restando credibilidad a las palabras que pronunciamos.

Veamos un ejemplo. Supongamos que  estamos tomando café con un amigo y le estamos diciendo que teníamos muchas ganas de verle y que es muy agradable estar con él. Sin embargo, con nuestro lenguaje corporal estamos mostrando algo bien distinto: Miramos discretamente el reloj, bostezamos con frecuencia, nos movemos en nuestro asiento cambiando continuamente de postura, nuestra expresión facial muestra disgusto y aburrimiento; el contacto visual que establecemos con él consiste en clavarle la mirada como si estuviésemos distraídos o pensando en otra cosa, etc. En esta situación nuestras palabras no serán creíbles porque lo que estamos mostrando con nuestro lenguaje no verbal es disgusto, rechazo o impaciencia.

Pues bien, como lo mismo que damos es lo que recibimos, cuando no coinciden nuestras palabras con nuestro lenguaje no verbal, recibimos de los demás algo muy distinto a lo que nos gustaría. Por eso debemos ser conscientes de lo que realmente estamos transmitiendo para no llevarnos sorpresas y entender el resultado que obtenemos; debemos valorar y analizar la actitud con la que hablamos y lo que realmente le va a llegar al otro.

Puesto que el lenguaje corporal suele ser inconsciente, va a revelar nuestras verdaderas intenciones, es decir, lo que pensamos realmente; y sólo mediante entrenamiento se consigue controlarlo y adecuarlo al lenguaje hablado.                 Desde el punto de vista evolutivo, como el lenguaje hablado apareció después del lenguaje corporal, podemos entender por qué los animales se comunican básicamente a través de este último. Por eso el lenguaje corporal, interpretado a “grosso modo”, tiene mayor poder de comunicación que el lenguaje verbal; de modo que si alguien nos habla cariñosamente, pero al mismo tiempo agita su puño cerrado delante de nuestra cara, lo que va a imperar es este gesto y no lo que nos esté diciendo.  Si su actitud está siendo hostil, va a dejar traslucirlo a través de esa fachada de ternura que pretende mostrar con sus palabras.

Y volviendo al tema principal, si pretendemos evitar que nos traten con desden, con hostilidad o de manera arisca, deberemos, en primer lugar, eliminar en la medida de lo posible todos esos sentimientos dentro de nosotros, porque aunque pretendamos ocultarlos detrás de una capa de urbanidad o mensajes verbales agradables, lo que van a percibir es lo que mostremos a través de nuestro lenguaje corporal.

 

Begoña Viñuelas. Psicóloga.

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